domingo, 2 de enero de 2011

Donde menos lo esperas

Se sentó en el columpio, y un hormigueo la invadió de pies a cabeza... La tranquilidad ya estaba presente, y era lo que buscaba... Solo busca paz.

Se columpiaba con calma, sin apuro alguno. Disfrutaba como la naturaleza le acariciaba tan suavemente su rostro, con esa fresca brisa, que la despeinaba, y hacía que sus ojos lloraran. Poco a poco, comenzó a sentir esas inmensas ganas que tenía siempre de volar... Levantó el mentón para poder mirar hacia lo que tanto le gustaba. Y al fin vió ese color tan subjetivo, pero que tanto le agradaba y tranquilidad le otorgaba. Admiró esas manchas blancas que formaban figuras que antes la tormentaban... Sin embargo, las pesadillas se habían terminado, y los tormentos se habían esfumado, todo había cambiado, ya no veía aquellos seres monstruosos en cada mancha que lograba visualizar, eso había quedado en el pasado, ahora solo veía figuras que la maravillaban, veía una extensa gama de colores, rostros y seres amigables, al parecer era el paraíso, y estaba feliz de haberlo alcanzado.

No pasaron ni dos minutos, y ya sentía su piel húmeda, llena de lágrimas, eran lágrimas de emoción y felicidad, miraba su alrededor con regocijo, podía sentir una gran conexión con todo lo que la rodeaba, sentía que por fin era parte de esta tierra, y que pertenecía a ésta, jamás se había sentido así, jamás había logrado tal dicha, siempre sintiéndose tan apartada, eso ya no existía, estaba conectada, estaba atada de un pie, pero a la vez, libre.

Empezó a agitarse, su corazón palpitaba a mil por hora, su respiración se tornaba cada vez más fuerte, la adrenalina corria por sus venas, y le encantaba, lloraba y reía a carcajadas, todo era placentero... Ya no se columpiaba con calma, si no más bien, iba columpiandose cada vez más rápido y más rápido... Su meta era poder alcanzar el cielo... El columpio ya estaba bien alto con su cuerpo en sus manos. Y ahí fue, no pudo aguantar más, y el deseo la obligo a cometer lo que desde pequeña había anhelado... Se tomo de las cuerdas, las apreto, y sin ningún miedo se empujó y soltó, el columpio la impulsó lejos, arriba, muy arriba, tan arriba que alcanzó las nubes y pudo acariciarlas, saborearlas, y apretarlas como si fuesen una esponja.

Volaba, alto... Y su cuerpo finalmente, iba dirigida hacia la luz del sol... Luego de eso desapareció, para siempre. Lo último que se vió fue... Su sonrisa.

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