Caminábamos tranquilamente él y yo, vagando entre nubes, pensando que no las molestábamos, pero sin saberlo, estaban enojadísimas, pensando que eramos unos irrespetuosos creyéndonos mejores que ellas, y superiores al pensar que podíamos irrumpir y caminar sobre ellas como si nada... sin arrugarnos, exclamaba una...
Caminábamos como un par de enamorados distraídos... Tranquilos como siempre solíamos hacer, solo esperábamos ver en unas horas el lindo atardecer... Esto no era un sueño, era real, se sentía, se olía, se veía y se tocaba... Íbamos caminando, hasta... que de pronto... ¡Un hoyo se armó! Fueron las nubes, que estaban furiosas y por eso habían formado un hoyo ¡para que nos cayéramos!
Caíamos rápido, y gritábamos para poder descansar de ese maldito ascensor de adrenalina en nuestro estómago, caímos por horas, hasta que casi quedándonos dormidos, ya acostumbrados a la adrenalina, visualizamos desde lejos la tierra y un basural, nos intentamos mover tomados de la mano hacia la derecha para que pudiésemos caer en el basural, era asqueroso pero al menos se veía que por las bolsas quizás no íbamos a salir tan lesionados, muertos de miedo gritamos fuerte, y caímos, miramos el suelo y agradecimos por no habernos estrellado contra el suelo, muertos de la risa y con asco nos limpiamos de todas las cáscaras que se pueden imaginar. Caminamos entre la basura, para poder llegar a algún lado, porque no sabíamos dónde estábamos, de pronto, todo comenzó a girar, giraba y giraba, el mundo giraba, más de lo normal, se podía sentir el giro, era como un terremoto pero girando, vimos como las bolsas de basura se rompían y formaban pastizales, luego cómo el papel higiénico se convertía en hojas, y los cartones en troncos, y así iba todo cambiando, no entendíamos que pasaba, todo cambiaba, todo giraba, ¡Ohhhh! ¡Era como una montaña rusa! hasta que ¡PUM! dejó de girar, y el parar nos botó, los dos vomitamos de tanto girar, caminamos aterrados, no sabíamos dónde estábamos, pero comprendimos que era una selva, así que avanzamos como un león buscando a su presa, callados y atentos...
Caminamos y caminamos, hasta que escuchamos gemidos que nos parecían conocidos, miramos hacia la cima de los árboles, y eran monos, saltando de rama en rama... Seguimos caminando, y los árboles se movieron y nos hicieron un camino, por el cuál caminamos, y nos encontramos con un enorme simio, que gritaba y se golpeaba el pecho... Lo miramos y quisimos arrancar, pero el simio amigablemente nos miró, cerró un ojo, y abrió los brazos, era como si nos fuese a abrazar... Pero no era eso... Como si nada, su estómago se comenzó a abrir, y los pelos formaban una enredadera hasta llegar a nosotros, era como si nos hubiese echo una alfombra roja para desfilar hacia él... Riéndonos y tomados de las manos, avanzamos hacía él... Y entramos a su estómago, todo era bastante extraño y una vez dentro, vimos miles de simios pequeños, algunos en autos, otros en patines, todo era tan extraño que no podíamos imaginar que otras cosas encontraríamos... Escuchábamos reclamos de muchos pequeños simios, uno decía: ¡Estoy harto de esta basura! ¡Lo único que hace este bastardo es ingerir más y más basura! ¿Cuándo se detendrá? ¡He puesto y expulsado por su maldito ano más de mil cápsulas con basura cafés! ¡Estoy cansado y quiero compartir con mis hijos!... No podíamos parar de reír, seguimos caminando fascinados por todo lo que ocurría, y llegamos a un lago, era un lago amarillo, que tenía olor a limón, nos tiramos sin pensarlo, y nadamos.
Al nadar comenzamos a sentir como burbujeaba el agua, escuchamos rugidos dentro del estómago, nos asustamos quisimos salir pero era demasiado tarde, ¡nos expulsó por su boca! Salimos disparados hacia el exterior, y con terror vimos la expresión de rabia en su rostro, nos miramos y corrimos lo más rápido que pudimos, corrimos, corrimos y corrimos, dos monos nos salvaron, tomándonos de la ropa y subiéndonos a un árbol, ahí nos quedamos en la cima esperando aún ver el atardecer...
Todo marchaba bien, hasta que de abajo se veía al simio gigante, rugir fuerte y moviendo el árbol, lo movió tanto, que nos caímos a un hoyo probablemente hecho por conejos... ¡Y así era!... Habían unos conejos con cuerpo chico, cabeza grande, ojos saltones y rojos, orejas gigantes, bigotes largos y nariz rojiza... Nos miraron, con desconfianza, y comenzaron a hacernos preguntas, no teníamos idea que debíamos responder, así que nuestras respuestas eran cortas pero precisas... Nos ofrecieron zanahorias, pero olían a anestesia de dentista, así que preferimos no comer...
Pasaron unos minutos, hasta que escuchamos a uno decir, que lo mejor era que nos eliminarán, que podía ser peligroso, con miedo escuchamos y miramos a todos lados a ver si había una salida... ¡NADA!... Empezaron a acercarse con una mirada diabólica con ganas de matar, y muertos de miedo nos abrazamos, y corrimos entre la cueva, vimos luz, así que corrimos hacía allá, era un agujero, se podía salir pero era muy alto, intentamos escalar... No podíamos, desesperados y llorando seguimos intentando, estaban cerca los conejos, más cerca, más cerca... Uno se acerco y con un cuchillo nos venía a matar...
Hasta que...
¡Algo nos absorvio y nos sacó de ahí! Estabamos en un tubo subiendo y subiendo... Era gigante, salimos... Y llegamos a la cocina de mi casa, y mi madre nos gritó:
¡¿Dónde han andado cabros de mierda?!
Buena Historia , buenisimo el final!!! epic xd, sigue escribiendo y soñando porque ambas cosas las haces bien y te hacen bien :) , te quiero.
ResponderEliminarwuhajshdjashj es muy chistoso cuando nos sorprende con su tipico "qe estan aciendo cabros de mierda" xajshdjashja teee amooo! qe sueño mas loco :B
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