Tengo un derrame y puedo ver la sangre salir por abajo, es la masacre psicológica que se siente todos los meses, lo curioso es que no recuerdo ningún cumpleaños desde mi primera hemorragia, sin la masacre femenina atacante, sin este dolor de útero inflamante, es como una ironía que me dispone a indisponerme, a hacerme pensar en mi hombría y ser femenino, en el derroche de sangre que debe confundir a nuestra mente, aun cuando sabemos que significa, en la bruja quemada que llevo dentro, me gustaría celebrar más seguido este ritual, que nos convierte de llama a un bulto de dolor, pero ahora tengo un sueño que me hace querer bailar.
Veo pasar paisajes por mis ojos y una voz tranquila me canta y susurra en un
idioma que no conozco, ni reconozco, quizás me está insultando, pero con su
delicadeza, no puedo encontrar una intención maligna, me envuelve y me dejo
derretir por ella, me hace sentir que estoy flotando, bailando, fluyendo con el
tono de su voz, de pronto suena un acordeón a lo lejos, una melodía parecida a Devendra
Banhart y me canta: “Sé que no te volveré a ver, sé que no lo haré, pienso una
y otra vez, que un tren se fue hace tiempo, pero a veces quiero tomar un ticket
de vuelta e irme a donde estás, pero son muchas horas de viaje y quizás no te
encuentre”.
Mientras lo escucho, me acaricio con dulzura y limpieza, siento mi cariño y mis manos como de un ser que
no es de la tierra, como la sensación que se siente al dejar una araña pollito
en tu cuerpo y sus patas, te dan cosquillas, pero son muy agradables.
Esta sensación me obligó a verme en el espejo y realmente vi a un bicho raro,
pero limpio.
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