martes, 21 de noviembre de 2017

Theta: Parte I

Suena un pito en mi oído y mi cuerpo responde con el ritmo del sol, mis piernas son de goma, aunque puede que quizás esté hecha de arena. He pensado en rocas, piedras y tierra, pero ahora me encuentro más cerca de las estrellas y de un fuego extraño que recorre todas mis extremidades, mis senos se levantan en busca del cielo, mi estómago palpita fuerte, como si mi aorta fuese a estallar, mis caderas al igual que mis senos se mueven hacia adelante en dirección al cielo y no al techo, mis pezones están llenos de leche y a punto de explotar, pienso que es una explosión y van a disparar a todas partes ¿Qué cosa más rara debe ser amamantar a un alien?

Tengo un derrame y puedo ver la sangre salir por abajo, es la masacre psicológica que se siente todos los meses, lo curioso es que no recuerdo ningún cumpleaños desde mi primera hemorragia, sin la masacre femenina atacante, sin este dolor de útero inflamante, es como una ironía que me dispone a indisponerme, a hacerme pensar en mi hombría y ser femenino, en el derroche de sangre que debe confundir a nuestra mente, aun cuando sabemos que significa, en la bruja quemada que llevo dentro, me gustaría celebrar más seguido este ritual, que nos convierte de llama a un bulto de dolor, pero ahora tengo un sueño que me hace querer bailar.

Veo pasar paisajes por mis ojos y una voz tranquila me canta y susurra en un idioma que no conozco, ni reconozco, quizás me está insultando, pero con su delicadeza, no puedo encontrar una intención maligna, me envuelve y me dejo derretir por ella, me hace sentir que estoy flotando, bailando, fluyendo con el tono de su voz, de pronto suena un acordeón a lo lejos, una melodía parecida a Devendra Banhart y me canta: “Sé que no te volveré a ver, sé que no lo haré, pienso una y otra vez, que un tren se fue hace tiempo, pero a veces quiero tomar un ticket de vuelta e irme a donde estás, pero son muchas horas de viaje y quizás no te encuentre”.
Mientras lo escucho, me acaricio con dulzura y limpieza, siento mi cariño y mis manos como de un ser que no es de la tierra, como la sensación que se siente al dejar una araña pollito en tu cuerpo y sus patas, te dan cosquillas, pero son muy agradables.

Esta sensación me obligó a verme en el espejo y realmente vi a un bicho raro, pero limpio.



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