Los relojes sonaban y marcaban las 4:00 de la madrugada, una niña un tanto alocada se encontraba despierta con insomnio en un extremo de la ciudad, mientras un niño tímido se encontraba sin poder dormir en el otro extremo de ésta.
Se revolcaban ambos en sus camas de un lado a otro, intentando encontrar la posición correcta para dormir tranquilos.
En medio de este intento continuo de intentar dormir, comenzaron a sentir como sus cuartos se llenaban de una brisa marina extraña, cercana y conocida. Comenzaron a sentir como la punta de los dedos de los pies se iba humedeciendo con el agua que al parecer estaba inundando sus cuartos. Ambos se quedaron perplejos, abrieron y cerraron los ojos un par de veces para ver si en realidad estaba ocurriendo, el escenario de a poco fue cambiando y ya no se encontraba ninguno de los dos en un cuarto si no, en una playa, que a ambos se les hacia muy familiar.
Al estar parados frente al mar, comenzaron a ver como unas huellas les indicaban el camino a seguir, y como éstas iban en dirección al mar. Los dos al mismo tiempo comenzaron a caminar seguros de ellos mismos y se acercaron al mar cada vez más, de pronto este hizo un agujero, por el cuál podían entrar.
Millones de criaturas los esperaban ansiosos, habían peces, ballenas, delfines, tiburones, y otras especies que jamás habían visto en sus vidas, todos ellos a su alrededor. Ambos (la niña y el niño), se encontraban en polos opuestos viviendo la misma realidad.
Continuaron siguiendo las huellas que al parecer los llevaban a un destino en particular. Podían caminar sin flotar debajo del mar, y podían aguantar la respiración el tiempo que quisiesen.
Comenzaron a recorrer el fondo del mar, y al traspasar una pequeña colina, llegaron a un lugar lleno de una especie de geiser. Al verlos la niña atrevidamente corrió a acercarse a uno de ellos, y contaba cuanto segundos o minutos se demoraba en eruptar, en medio del miedo en el que se encontraban al pensar que éstos podían lanzar agua hirviendo, se dieron cuenta, que lo único que lanzaban eran burbujas. Quisieron subirse en ellos y ver a donde los lanzaba. Contaron los segundos exactos que se demoraban, y tomados de la mano, se recostaron en el agujero, a los 10 segundos después el geiser los lanzo lejos, tan lejos que salieron a la superficie, llegando a una isla, lejana, y extraña.
La isla tenía forma de riñón y tenía una gran colina en el medio. Iban recorriendo la isla, tranquilos, pacientes y encantados con tanta naturaleza. Mientras cruzaban un río, al otro lado habían millones de criaturas, escondidas, con miedo a estos nuevos seres, y algunos árboles, botaron sus hojas para llenar un río entero.
Cruzaron al fin el río, y siguieron su camino, en eso, cayeron en un hoyo tapado por hojas, y éste era el gran río de hojas otoñales. Vieron como los árboles seguían llenando el río de inmensas hojas, se aferraron a una gigante, que quizás triplicaba el tamaño de ambos juntos. Se aferraron fuertemente, y comenzaron a navegar en un gran río de hojas, pasaron por distintos paisajes, algunos secos, otros húmedos, vieron enormes pájaros viajar por el cielo, vieron enormes animales, parecidos a jirafas recorrer la isla, vieron pingüinos en unas rocas cercanas al mar, hasta que al fin, el río comenzó a subir una enorme colina. Casi muriendo de miedo, quisieron bajar lo antes posible, pero no podían ya que, estaban muy alto para bajar, y podrían morir en el intento.
Una vez arriba, pudieron contemplar la isla en todo su esplendor, pero esto no duro para siempre, ya que unos pocos segundos después volvieron a descender fuertemente, para luego subir la otra colina pequeña que se encontraba al frente, y en ésta, algo extraño sucedió, el río subió al cielo, y por arte de magia, se formo una especie de línea de ferrocarril, algo parecido a la de una montaña rusa, en donde la hoja se encajo, y pudieron viajar por el cielo. Después de esto el miedo, se esfumó, y pudieron disfrutar del viaje plenamente.
Una vez arriba no quisieron bajar más, disfrutaban de la brisa, y de la adrenalina que producía el descender y ascender una y otra vez. Llego un minuto en el cuál no podía haber más felicidad que aquella, y ambos se miraron, se besaron y al mismo tiempo se dijeron “te amo”. No podían estar más felices, jamás lo iban a ser más que en ese momento y jamás habían vivido una felicidad tan real, tan concreta, tan tangible, tan verdadera y tan única.
Sin embargo, luego de unas horas, la hoja comenzó a descender rápidamente, y llegaron a tierra otra vez.
Ya era de noche, tomaron la hoja y la usaron para cubrirse del frío, se contemplaron un par de minutos, y felices se quedaron dormidos, con las piernas entrecruzadas, él con su cabeza en el pecho de ésta.
Así pasaron las horas.
Exactamente a las 7:00 de la madrugada en punto, ambos se despertaron, pero cuando lo hicieron, se dieron cuenta de que ya no estaban en aquel lugar que tanto amaban, sino que, ambos despertaron en sus camas, en sus cuartos, donde siempre, sin tenerse a su lado.
Tristes, pasaron el día, haciendo nada, llego la noche, y volvieron a dormirse, de inmediato, volvieron al mismo lugar, se reencontraron en el mismo lugar, volvieron al mar, recorrieron otra vez la isla, y volvieron a viajar en la hoja, esta vez recordaron que al otro día no se verían pero esperarían con ansías la noche.
Así pasaron los días, meses y años. Reencontrándose todas las noches, recorriendo la isla y conociendo más sobre ésta. En la vida real, nunca pudieron estar con otra persona como pareja, ya que se encontraban totalmente enamorados, de una persona que sabían que quizás no existía, pero que permanecía la esperanza de que en algún momento, se reencontraran y sería para siempre.
Pasaron los años, y ya habían entrado a la universidad.
Un día cualquiera, ambos quisieron ir a la playa a dar un paseo, cada uno por su lado, claro. Al llegar a la playa, ambos estaban sentados a tan solo unos metros, estaban contemplando el mar, como tantas veces lo habían echo en sus sueños. De pronto, comenzaron a ver como un hoyo gigante comenzaba a crecer dentro del mar, y éste se recogía, se asustaron y pensaron en correr, podía ser un tsunami o algo por el estilo, al asustarse y pararse rápido, se percataron de la presencia del otro, sintieron una fuerte conexión, se miraron, y se reconocieron de inmediato, corrieron a los brazos del otro, se apretaron fuerte, se abrazaron, se besaron y volvieron la vista al mar, que rápidamente se recogía. Entonces, comenzaron a caminar hacia adentro sin pensarlo dos veces, se adentraron al mar, y volvieron a ese lugar que tanto amaban, pero esta vez, era verdad.
Esta vez, era de verdad, era real, estaba pasando en el mundo real. Por lo tanto podían salirse del mar cuando quisiesen, y así lo hicieron, regresaron a aquel lugar cuando quisieron, y siguieron amándose, en el mundo real.
No hay comentarios:
Publicar un comentario