jueves, 30 de junio de 2011

Lavanda

Estaba sentada esperando el siguiente tren… Una brisa comenzó a correr y un extraño pero exquisito olor a lavanda le acaricio y rodeo el rostro de una forma que nadie había hecho antes… El frío que tenía su nariz se había ido, su cara se había entibiado y una felicidad le recorría su cuerpo gastado. El roce era tan suave… Era su piel... se deslizaba en el viento como si cayera agua…

Sus ojos se cerraron lenta y cuidadosamente. Decidió levantarse de aquella sucia silla, escuchando todos los sonidos para así armar una melodía en su mente, siguiendo el bendito olor que le entregaba mucho amor… Hasta que se sintió preparada para hacerlo…

Bajó atenta con los ojos aún cerrados a los rieles. Una vez abajo, entre los dos fierros y en las piedrecillas se retiro los zapatos para así sentir el cosquilleo de éstas y empezó a girar imaginándose un carnaval… Era como si todo el mundo lo tuviera en su mano, como si la alegría y la satisfacción la estuvieran ahogando de manera placentera.

Todo le parecía hermoso, y jamás había visto, mirado u observado tanto como en ese momento…

Estaba viviendo la paz interna, llena de colores interiores, llena de luces… Pensó que antes si era ciega, y ahora veía mas que nunca…

Se acercaba, lo sabía… Pero el miedo en ningún momento la invadió, estaba tranquila y feliz…

Se sentía el sonido y la vibración en el suelo… Hasta que pasó...

El tren se la llevo.

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