martes, 1 de junio de 2010

Súbete conmigo.


Ella estaba arriba, él abajo. Su mirada era esperanzadora, la del era confusa. Lo miró otra vez, y con un gesto él la saludó. Le devolvió el saludo, y rápidamente exclamó:
- ¡Súbete!
Él, con entusiasmo respondió algo confundido:
- ¿Cómo?
Ella con regocijo respondió:
- Tan solo debes pensar en flotar, flotar como una pluma
Él aún más confundido respondió:
- Eso hago, eso intento, pero no pasa nada, ¿Qué más puedo hacer?
Ella le respondió:
- Solo debes creer.
Él desconcertado no supo que hacer y dijo:
- Lo siento, pero no puedo subir, no puedo subir y estar contigo, solo tú puedes hacerlo, no hay lugar para mí.
Ella entristecida contestó:
- No te vayas, inténtalo otra vez, por favor, no te marches…
Él volvió a responder:
- Lo siento, pero solo estoy en tu imaginación, y solo tú puedes hacer que suba.
Ella al fin entendió y dijo:
- Supongo, que ni tú ni nadie podrá subir jamás a esta nube, porque solo yo pertenezco a ella, porque solo yo puedo subir, y porque solo yo estoy en este mundo, porque estoy sola, y al parecer jamás podré bajar de esta nube.

Éste fue su último respiro.

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